Valores que se analizan: derecho a la vida frente al derecho a una muerte digna.
María es una joven mexicana de 18 años. Vive en Mexicali donde trabaja como ayudante de un dentista. Quería tener un hijo, pero no quería marido ni convertirse en ama de casa. Un día encontró a un joven en un antro que la dejó embarazada y del que no quiso saber nada más.
El pasado 15 de mayo, María sufrió un grave accidente en su automóvil al impactarse contra un árbol. Cuando ingresó al hospital, su cerebro daba un encefalograma plano; estaba clínicamente muerta, aunque gracias a la ayuda de la tecnología de la unidad de cuidados intensivos seguía respirando y se mantenía su circulación sanguínea. Reunido el consejo directivo del hospital junto con una comisión de juristas acordó que el problema ya no era María, sino el feto que llevaba dentro, por lo se que decidió “la utilización del cuerpo de la Madre en favor del niño”. Tres veces al día recibe siete hormonas diferentes imitando y sustituyendo lo que haría su cuerpo estando vivo. Es la primera vez que algo así sucede en México y, por ello, los médicos apuntan a que hay falta de experiencia en casos semejantes.
Ante este caso, las opiniones están divididas. El Dr. Gutiérrez, jefe médico del hospital del sagrado corazón, explica así la decisión que tomó: “bajo el aspecto de la proporcionalidad, es exigible de la Madre muerta la utilización de su cuerpo en favor del niño”.
Gabriela, la madre de María, que en su primer momento se negó a que se mantuviera artificialmente con vida el cuerpo de su hija, cambió de opinión dando su consentimiento y manifestándose dispuesta a hacerse cargo del bebé.
Grupos feministas han protestado por el uso del cuerpo de la madre diciendo que los niños tienen derecho a nacer de una madre, que se están considerando las mujeres como una máquina de parir, lo que es algo profundamente perverso”.
En los últimos días, teólogos y científicos de las universidades de la región han criticado al “experimento del Sagrado Corazón” y han escrito un comunicado titulado “contra el abuso del ser humano por parte de la tecnología médica”. Los docentes, tanto católicos como de otras religiones, se inclinan por dejar morir al feto “que no es capaz todavía de mantener una vida propia y está, por tanto, ligado al fallecimiento de su madre”.
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